Miedo a la venta

Miedo a la venta

¿Cuántas veces he sentido miedo a la venta antes de encontrarme por primera vez con un cliente? ¡Muchas! Es natural. No le conoces y no sabes si llegas en mal momento, si suele ser una persona agradable, si trata bien a los vendedores... Recuerdo perfectamente la sensación en el instante justo anterior a llamar a una puerta la primera vez que salí a vender. Hay mil miedos que puedes imaginar antes del primer contacto. Pero: No imagines tanto.

Cliente y persona

Mi principal actitud cuando voy a ver a un cliente es la de pensar que tengo delante un cliente y persona, como yo, y esto implica, para mí, que es más importante su condición de persona que su condición de cliente.

 

Miedo a la venta

No estoy en una batalla, sino en una relación humana, y hacia ese terreno me muevo. No lo hago por interés propio, sino por verdadera preocupación por mi cliente. Y los clientes lo notan. Es pura empatía. La venta es una consecuencia de una buena relación de confianza con mis clientes, y cuanto mayor sea la confianza mutua, mejores y más duraderas serán las ventas.

Y, repito, mi primera preocupación no es vender, sino la persona que tengo delante. Si hoy no es día de pedidos, prefiero retrasar ese día. Las personas son lo primero. Mis clientes lo saben.

Ponte en su lugar. Seguro que has conocido vendedores a los que has notado que no les importas absolutamente nada, u otros que lo disimulan, pero se nota. La preocupación humana ha de ser sincera, verdadera, y el cliente lo agradecerá. Tu cliente te pondrá en otro nivel.

Tres casos

En mi vida profesional como vendedora se han repetido muchas veces tres situaciones impresionantes:

Clientes que me han llamado para pasar un  rato o medio día conmigo, sólo para charlar de sus problemas, sus familias, sus cosas. Necesitaban a alguien que les escuchara con tranquilidad. Y al final de la visita me han hecho un pedido enorme en un minuto.

Clientes a quienes he llamado yo para ver cómo estaban, porque sabía que tenían situaciones delicadas personales de cualquier índole, incluso que les impedían volver a comprar en mucho tiempo, quizás para siempre. Sin embargo el agradecimiento personal fue siempre una gran recompensa.

Clientes que empezaron con acritud mi visita (¡otra vendedora!), y tras contarme sus preocupaciones, han llorado, reído y hemos empezado una buena amistad.

¿Miedo a la venta? No. No hay que temer a las personas.

Cuento contigo en uno de mis próximos cursos de ventas.

Ana M. Vicent

627596573

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